Enfermedades psicosomáticas

Es muy probable que en algún momento de tu vida te hayas quejado de alguna molestia física y te hayan dicho que es psicosomático. Como si tu cabeza te la jugara y te provocara molestias que en realidad no existen, al menos eso te han hecho creer. Hablar de un dolor psicosomático no quiere decir que el dolor o molestia no exista. Al contrario, es real y palpable, sobre todo para la persona que lo padece. La diferencia entre una enfermedad psicosomática y una física es el origen. En la psicosomática se trata de la respuesta del organismo frente a situaciones que nos afectan a nivel emocional o psicológico, mientras que la física es la respuesta del cuerpo ante las enfermedades, traumatismos, etc.

Cuando sentimos vergüenza, la cara se enrojece. Cuando sentimos miedo, aparecen los sudores fríos. El amor nos acelera el pulso y la ansiedad puede hacer que la salivación se altere. Estos son tan solo algunos ejemplos que demuestran claramente que el cuerpo, las emociones y los sentimientos mantienen una relación muy estrecha.

La ciencia psicosomática considera esta relación como una realidad en la que se encuentran en constante diálogo e interacción, como el significado etimológico deja claro: psyché es “alma” y soma, “cuerpo”. El vínculo existente entre la mente y el cuerpo se reconoce desde hace tiempo; tan solo tenemos que pensar en cómo los diferentes estados emocionales provocan reacciones fisiológicas que ayudan a que se produzcan o se mantengan determinadas enfermedades con sus propias características y desarrollo. Dichas enfermedades son las que se denominan trastornos de somatización. El cuerpo nos habla, dando voz a todo aquello que nuestra mente no es capaz de aceptar o comunicar con libertad, lo que puede llegar a convertirse en un malestar físico que genera unos síntomas psicosomáticos específicos.

Las causas de los síntomas y la enfermedad psicosomática

Aquel que no haya ido alguna vez al médico de cabecera alegando un malestar y síntomas que, aparentemente, no guardan relación con un problema médico que levante la mano. Por lo general, se puede tratar de encontrar su origen y asignarle un contexto realizando una serie de pruebas. Como hemos aprendido en Canvis Centro de Psicólogos, como centro sanitario de psicología clínica reconocido, el apoyo en este tipo de trastornos es esencial, tanto desde el punto de vista médico como psicológico, sobre todo porque es muy probable que en las pruebas médicas no se muestre un trastorno orgánico. Cuando se produce esta situación, se habla de trastornos psicosomáticos caracterizados por padecer síntomas físicos que no coinciden con una condición médica definida, por lo que su origen, con mucha probabilidad, tiene su origen en los conflictos internos y de carácter psicológico, expresados a través del cuerpo.

Los síntomas psicosomáticos se producen cuando el organismo se somete a una situación de emergencia durante un periodo prolongado, asociada a emociones inexpresadas o no resueltas, como un estado de ansiedad que se arrastra durante años, la dificultad para gestionar la rabia o los viejos rencores que nos acompañan. De manera que la ansiedad, el miedo o las situaciones que resultan estresantes no determinan el malestar físico, puesto que son emociones inherentes a las personas y de algún modo, resultan útiles para el crecimiento personal. El problema se produce cuando estos niveles de ansiedad y estrés superan un umbral o perduran en el tiempo sin que exista la posibilidad de gestionarlos de forma sana y eficaz, lo que provoca esos dolores psicosomáticos.

Una de las condiciones psicológicas relacionadas directamente con los trastornos psicosomáticos es la alexitimia, condición psicológica caracterizada por la dificultad de una persona a la hora de identificar y describir las propias emociones. Las personas que padecen alexitimia suelen experimentar dificultades a la hora de distinguir entre las sensaciones físicas y los sentimientos, pudiendo tener una vida emocional, en apariencia plana, o ser poco expresivas, a pesar de que a nivel interno sientan intensidades normales o elevadas.

La conexión entre la alexitimia y los trastornos psicosomáticos está siendo investigada desde diferentes puntos y se considera que la incapacidad a la hora de procesar y expresar las emociones puede influir en el desarrollo de los síntomas físicos como la alternativa que tiene el cuerpo para poder expresar aquello que no puede verbalizar.

Un estudio realizado en la Universidad de Roma en el año dos mil diecinueve contempla una mayor incidencia de alexitimia en aquellas personas que padecen hipertensión, por lo que se puede establecer la hipótesis de que las personas que padecen hipertensión se sienten confusas con sus emociones, las somatizan, minimizan el componente afectivo y expresan sus emociones mediante componentes fisiológicos, ya que no son capaces de procesar sus emociones a nivel consciente. Aunque, como hemos dicho, se trata de una hipótesis.

Síntomas psicosomáticos más habituales

Un problema psicosomático se revela mediante un síntoma (o varios) somático. A continuación, veremos cuáles son las enfermedades psicosomáticas asociadas a diferentes partes del cuerpo más frecuentes, sin olvidar que en algunas de ellas el aspecto psicológico puede encontrarse entre las causas que la provocan, pero no ser la única razón de que se haya producido.

Los trastornos digestivos son muy frecuentes. Algunos de los órganos que mayor sensibilidad muestran ante las “emociones indigestas” son el estómago y el sistema digestivo en general: náuseas, vómitos, dolor de estómago, diarrea, colitis y gastritis se encuentran dentro de los problemas digestivos asociados al estrés y la ansiedad.

Los trastornos cardiovasculares son igualmente muy frecuentes y se traducen en arritmias, hipertensión, taquicardia, sensación de desmayo, etc. En este caso, los síntomas no son consecuencia de la ansiedad como tal, sino de los intentos vanos de controlar esas reacciones fisiológicas asociadas.

También se pueden producir trastornos urogenitales, como dolores e irregularidades menstruales en las mujeres, disfunción eréctil en los hombres o trastornos urinarios.

La piel acusa el estrés y la ansiedad con enfermedades dermatológicas como el acné, la dermatitis psicosomática, picazón, sequedad cutánea y de las mucosas, blefaritis por estrés o excesiva sudoración nocturna por ansiedad.

Probablemente resulte más fácil asociar los trastornos neuromusculares a los psicosomáticos que a otros de ellos. El dolor de cabeza, el hormigueo, los dolores de espalda o garganta, la rigidez muscular, la parálisis funcional o síntomas motores funcionales, los calambres, la debilidad, el temblor de la ansiedad, el bruxismo, los tambaleos y mareos o desmayos por razones psicológicas son tan habituales como reconocidos.

Este tipo de trastornos psicosomáticos se estudian en la psicología de la salud, donde aparecen vinculados a una serie de características comunes a todos ellos y que se pueden resumir en las siguientes líneas:

  • Vulnerabilidad neurótica. Un evento traumático puede provocar en la persona un trastorno de síntomas somáticos, sobre todo si evoca un trauma presente en la historia personal, lo que produce una alta reactividad emocional.
  • Cronificación del estímulo emocional y la respuesta orgánica.
  • La etiología es multifactorial, lo que implica que debe investigarse en detalle porque se producen determinados acontecimientos o procesos.
  • Somatización, el paso o salto de lo psíquico a lo somático, entendida como una forma de expresar a nivel corporal el malestar emocional sin que exista una causa médica.

Dentro de un contexto relacional, una explicación interesante proporcionada por el psiquiatra y psicoterapeuta Salvador Minuchin sostiene que el paciente psicosomático se relaciona de forma disfuncional con otros miembros de su familia. Este tipo de relaciones insanas se caracteriza por la gran intromisión en los asuntos ajenos, la tendencia a preocuparse excesivamente por los demás, una protección excesiva, la rigidez y el rechazo al cambio, el hecho de evitar el desacuerdo, conviviendo con grandes conflictos que no se pueden expresar y, en consecuencia, resolver.

Las enfermedades psicosomáticas pueden darse cuando los factores psicológicos y los biológicos interactúan de forma compleja;los mecanismos psicobiológicos relacionados incluyen el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal (HHA), el sistema nervioso autónomo, la inflamación de bajo grado y el procesamiento cerebral de las emociones. Comprender estos mecanismos puede ayudar a comprender el porqué de la manifestación de las emociones a través del cuerpo, por lo que se resalta la importancia que tiene recurrir a un enfoque integral a la hora de tratar las enfermedades de carácter psicosomático.

El tratamiento de los trastornos psicosomáticos empieza por excluir y descartar cualquier origen o causa orgánica. Es decir, se habla de unas náuseas psicosomáticas cuando se realizan las pruebas necesarias para asegurarse de que no tengan una causa física. Llegada a esa conclusión, la intervención terapéutica es de gran utilidad como estrategia relacional, ya que tiene como objetivo que la persona desarrolle una autonomía individual, sea capaz de reconocer y expresar los conflictos y gestionar las emociones de manera eficaz, además de valorar el cambio.

Algunas de las estrategias prácticas recomendadas a la hora de prevenir y manejar los síntomas psicosomáticos son las técnicas de relajación, el mindfulness, la terapia cognitivo-conductual o el abordaje biopsicosocial. Combinadas y adaptadas a cada persona, contribuyen a que la calidad de vida de las mismas mejore y, en consecuencia, mejoren sus síntomas psicosomáticos. Lo más importante es saber que se trata de problemas reales y dolencias que no están en la cabeza, aunque la cabeza las origine. Se pueden tratar y evitar que vayan a más.

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