Comprar un compresor de aire industrial

La adquisición de un compresor de aire industrial es algo, a priori, sencillo: se calcula una potencia aproximada, comparas el precio de muchos modelos y eliges el que mejor puede encajar en el presupuesto. A nivel práctico, dicho enfoque por lo general trae problemas. En ocasiones podemos pensar que un compresor puede ser potente y quedarse corto, o que tenga un gran depósito y consuma más electricidad de la necesaria. En otras ocasiones creemos que es una buena oferta hasta que descubrimos que precisa de secador, filtros, instalación y mantenimiento, los cuales no se habían tenido en cuenta.

El aire comprimido es una de las utilidades que suelen ser más habituales en los talleres, fábricas, carpinterías, plantas de envasado, empresas de automoción, industrias alimentarias y negocios de mantenimiento. Lo que hace es accionar herramientas, cilindros, válvulas, sistemas de limpieza, equipos de pintura y automatismos. Cuando no hay presión o el aire llega con agua y aceite, el problema no afectará solamente al compresor, lo hará con toda la producción.

Por este motivo, una buena compra va mucho más allá de la ficha de producto. Se debe entender el consumo real, las horas de uso, la calidad del aire que sea necesaria y el coste del mantenimiento del equipo en funcionamiento durante años.

Empieza por el uso, no por el catálogo

Lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Para qué necesito el aire comprimido y qué cantidad de equipos lo van a demandar a la vez?

Una pequeña empresa de mantenimiento que utiliza una llave de impacto, una pistola de soplado y una infladora de manera ocasional no tiene las mismas necesidades que una línea de producción con cilindros neumáticos que trabaje ocho horas diarias.

Antes de ponerse a comparar los modelos, lo mejor es hacer una lista sencilla de herramientas y máquinas que estén conectadas a la red. Se debe anotar el caudal que necesite cada una, la presión de trabajo que se recomiende y el tiempo que funcione de verdad.

Luego puedes identificar cuáles es posible que coincidan. Dicho ejercicio evita que haya dos errores comunes: que se compre un equipo muy pequeño porque se utiliza solo una herramienta o pagar de más por una capacidad que nunca se termina de aprovechar.

Caudal: el dato que más se confunde

El caudal nos indica la cantidad de aire que un compresor nos puede llegar a entregar. Esto se puede expresar en litros por minuto, metros cúbicos por minuto o CFM. Este es el dato que va a determinar si el equipo va a poder alimentar las herramientas o máquinas sin que caiga la presión cuando varias operen al mismo tiempo.

En las fichas comerciales aparecen una serie de valores que pueden acabar generando cierta confusión. No es igual el aire aspirado que el que se entrega a una presión determinada. Para comparar equipos, lo mejor es fijarse en el caudal efectivo o el aire libre entregado, que será el indicado para la presión de trabajo que esté prevista. Esta será la cifra a la que se aproximará la capacidad útil que va a tener la instalación.

La recomendación a nivel práctico es establecer el cálculo del consumo simultáneo y dejar un margen. Dicho margen lo que hace es cubrir los picos de demanda, las pequeñas pérdidas de red, el desgaste y las incorporaciones a futuro. No es necesario que se duplique la capacidad por prudencia, pero sí evita que se trabaje al límite a diario.

Un compresor que parece que funciona bien cuando se usa una única herramienta es posible que falle cuando se tenga que abrir una segunda línea de aire. La presión comienza a bajar, los equipos van a perder rendimiento y el motor trabajará durante más tiempo intentando que se recupere el depósito. Esto es una clara señal de que el problema no era como tal la potencia nominal, sino el caudal que está disponible.

El aire debe llegar limpio y seco

Entre los errores que suelen costar más caros se encuentra el hecho de comprar el compresor sin que se piense en el tratamiento de aire. El aire ambiental cuenta con humedad y partículas, y cuando se comprime, lo que ocurre es que se concentran dichos elementos. En los compresores lubricados, es posible que aparezcan trazas de aceite.

En los usos básicos, dicha humedad lo que hace es provocar corrosión en las tuberías, depósitos y herramientas. La pintura puede arruinar los acabados.

En cuanto a la automatización, en ocasiones termina afectando a los cilindros y a las electroválvulas. En alimentación, farmacia, electrónica o laboratorios, la calidad del aire es posible que se convierta directamente en un requisito del proceso. Por este motivo, junto al compresor, se deben valorar los filtros, separadores de condensado, secadores y también las purgas automáticas.

El secador frigorífico es bastante común para muchas aplicaciones, ya que reduce la humedad cuando se enfría el aire y se elimina el agua condensada. Cuando se necesitan niveles de sequedad de mayor exigencia, es posible utilizar secadores de absorción.

Todo el mundo no necesita el mismo nivel en cuanto a filtración. La sobredimensión del tratamiento implica una mayor inversión y mantenimiento; quedarse corto en este sentido provoca averías y rechazo de producto. Lo mejor es definir la calidad de aire que se necesite en cada uso y elegir el sistema en consecuencia.

Comprar con asesoramiento técnico marca la diferencia

La compra de un compresor es posible que parezca fácil cuando se limite a una potencia y precio, pero es más complicado al introducir el caudal real, la presión, la humedad, los turnos de trabajo, los costes eléctricos y la previsión de crecimiento. Justo aquí es cuando el asesoramiento técnico aporta mucho valor.

Sobre este tema quisimos comentarlo con los expertos de Airmac Compresores, que nos recomendaron siempre tener claro qué es lo que necesita y, en caso de que no se tenga claro, no dudar en solicitar información sobre las soluciones que tenga el establecimiento. Actualmente, el mercado ofrece un enorme catálogo con equipos de diferentes configuraciones, en las que se incluyen compresores de tornillo que tienen una velocidad variable, modelos de alta y baja presión, así como soluciones para generación y tratamiento de aire. Disponer de un proveedor especializado ayuda a que sea más fácil comprar el equipo con el uso real que se le quiere dar, valorar la instalación y el mantenimiento, evitando una decisión que solo se base en el precio inicial.

Antes de solicitar una oferta, lo mejor es preparar información más concreta: consumo de las máquinas en cuestión, la presión necesaria, las horas de funcionamiento, la red existente, la calidad de aire, la tensión eléctrica disponible y la previsión de ampliación.

Un presupuesto de calidad indicará no solamente el precio del compresor, sino qué incluirá la solución, el tratamiento necesario, las condiciones de garantía y su mantenimiento.

Coste total: el precio de compra es solo el principio

Los compresores pueden durar bastantes años, por lo que el precio de compra solo es una parte de la decisión. Se debe pensar en el consumo eléctrico, las revisiones, los recambios, los filtros, el tratamiento de condensados, las horas de parada y la eficiencia con las cargas parciales.

En las instalaciones de utilización intensiva, la electricidad es parte importante del coste durante la vida del equipo. Si se escoge un buen compresor, evitaremos trabajar con mucha presión y el hecho de estar reparando fugas es posible que tenga más impacto económico que ahorrar una cantidad puntual en la compra.

Es conveniente también preguntar sobre la disponibilidad del servicio técnico y de los repuestos. Un equipo que sea muy barato puede acabar saliendo caro si una avería termina deteniendo una línea durante días al no haber piezas disponibles o porque nadie pueda intervenir rápidamente.

La garantía es importante, pero la capacidad real de respuesta cuando se produce una incidencia lo es todavía más.

Cuando la empresa trabaja con producción crítica, puede que sea más recomendable plantear redundancia. Dos compresores que estén coordinados o una unidad de respaldo evitan que una avería pueda dejar sin aire al resto de la instalación.

Instalación: dónde se coloca; también cuenta

La ubicación en la que se encuentre el compresor es algo que acaba condicionando el rendimiento. Precisa de un espacio ventilado, limpio y con un acceso suficiente para hacer el mantenimiento. Instalarlo en un cuarto cerrado, caluroso y repleto de polvo lo que hace es reducir su eficiencia y ayuda a que aparezca el sobrecalentamiento.

El aire de aspiración tiene que ser lo más limpio que sea posible. Cuanto más caliente esté el aire que entre, más esfuerzo habrá que hacer con el equipo y menor será su rendimiento. Del mismo modo, lo mejor es evitar zonas que tengan vapores, humos o contaminantes que afecten al lubricante, a los filtros o a la calidad del aire final.

Se debe dejar espacio alrededor para así abrir paneles, cambiar filtros, revisar las correas o limpiar intercambiadores. Puede parecer un detalle menor hasta que llega el momento de intervenir y es cuando se descubre que es necesario mover otros equipos para acceder al compresor.

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