Ciudades para conocer de cerca de la naturaleza.

Mar y montaña

Si eres amante del mar y de la naturaleza, te traemos 7 lugares fascinantes que conocer en España donde puedes disfrutar de la playa y de los parajes naturales que la rodean, e incluso quedarte a vivir en ellos, puesto que son destinos que atrapan.

Nuestro país posee unas condiciones geográficas excepcionales. Se encuentra en el extremo meridional de Europa, pegado al continente africano y está bañado por el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Al ocupar la mayor parte de la península Ibérica, tenemos unos 8.000 kilómetros de costa, todo ello, sin olvidar que somos el segundo país más montañoso de Europa. Por detrás de Suiza. Unas condiciones naturales que hacen que encontremos verdaderos tesoros en nuestro país.

Los viajeros, nativos y extranjeros, hoy en día buscan experiencias completas en sus viajes. Ya no se contentan con el turismo clásico de sol y playa. Buscan destinos donde puedan imbuirse en la naturaleza al tiempo que bañarse en el mar, cuando les apetezca.

Espacios polivalentes, que unen en una misma localización mar y montaña. Lugares tan maravillosos, que muchas veces enamoran al visitante hasta el punto de plantearse pasar largas temporadas en ellos.

En los ejemplos que te vamos a poner, eso es posible. Puesto que son ciudades que han generado núcleos poblacionales estables, con todos los servicios necesarios para vivir, que permiten ser visitados en cualquier época del año y hasta fijar allí una residencia estable.

Para preparar esta lista hemos recorrido todo el país. El norte y el sur. El este y el oeste. Estas son 7 ciudades paradisiacas que deberías conocer para disfrutar del mar y entrar en contacto con la naturaleza.

Matalascañas (Huelva).

Matalascañas es una playa enclavada en pleno parque natural de Doñana, uno de los humedales más singulares de Europa. Este conjunto de marismas, dunas móviles y bosques, concentra el 70% de toda la biodiversidad del viejo continente. En este espacio se protegen algunas de las especies en peligro de extinción más emblemáticas, como el lince ibérico, el águila imperial, la cigüeña negra y el milano real. Es, a su vez, punto de parada y cría para las aves migratorias que viajan cada año de Europa a África.

Desde Matalascañas puede visitar el parque natural en cualquier momento. Es más, Matalascañas está rodeado de dunas que proceden de las marismas y que, en algunos rincones, llegan a confundirse con la arena fina de la playa, creando espacios de belleza singular.

Matalascañas es la única playa de Doñana practicable para el hombre. Su desarrollo urbanístico creó cierta polémica en su día entre colectivos ecologistas, pero lo cierto es que se ha logrado un equilibrio admirable entre el uso turístico del litoral y el respeto a la naturaleza.

Oficialmente, la playa pertenece al municipio de Almonte, el mismo que alberga la ermita de la virgen del Rocío, en la Aldea, unos kilómetros más al este. Matalascañas tiene una población estable de unos 2.800 habitantes. Con todo tipo de servicios que funcionan durante todo el año. Mar, naturaleza y cultura reunidos en un mismo lugar.

Esto hace de este núcleo urbano un lugar único, un espacio que enamora. Hasta el punto de que muchos visitantes se plantean adquirir allí una vivienda para fijar su residencia o pasar largas temporadas al año en el lugar. Como Souad Sani, un turista árabe que compro un chalet próximo al mar por medio de Inmodoñana, la inmobiliaria más recomendada de la zona.

Tarifa (Cádiz).  

Catorce kilómetros de agua separan las playas de Tarifa de las costas de Marruecos. Otro de los accidentes geográficos más singulares de Europa: El estrecho. Un punto fronterizo entre los dos continentes y entre los dos mares; el mar Mediterráneo y el océano Atlántico.

Por esa localización geográfica, las playas de Tarifa son unas de las más apreciadas por los aficionados al surf. El viento que llega del océano abierto y la confluencia de los dos mares, tras pasar el embudo del estrecho, crea unas olas bravas, difíciles de encontrar en otros sitios.

Entre Algeciras y Tarifa se encuentra el Parque Natural del Estrecho. Un espacio con una superficie de unas 19.000 hectáreas, lleno de montañas que se asoman al mar y acantilados de un gran valor geológico y biológico, desde el que no solo se pueden divisar las costas africanas, sino también avistar el paso de delfines, orcas y atunes.

Tarifa es el punto por el que los árabes entraron en España en el año 710. El que inauguró 7 siglos de presencia musulmana en la península ibérica. Allí establecieron un asentamiento militar al que llamaron Tarif, en honor al comandante Tarik que encabezaba la expedición. El nombre se castellanizó y dio lugar a Tarifa.

Hoy Tarifa es el municipio más al sur de la península ibérica y tiene una población más de 18.000 habitantes que se dedican al turismo y a al mantenimiento de la central eólica más grande de España.

Altea (Alicante)

Altea es una ciudad costera de la costa blanca alicantina. Una zona que ha emergido. En las últimas décadas, como referente del turismo de lujo, por la gran belleza de sus paisajes. Pero Altea, como sucede con otras ciudades cercanas como Calpe o Denia, no es un lugar prohibitivo. Todo lo contrario, cualquiera, no hace falta ser millonario, puede visitarlo. Es más, merece la pena hacerlo.

Con sus casas blancas, que suben por la ladera de la montaña a través del casco antiguo hasta llegar a la iglesia de la Virgen del Consuelo, en el punto más alto de la ciudad, Altea está rodeada por la Sierra de Bernia, una cadena montañosa, paralela a la costa, de 11 kilómetros de longitud.

Altea proviene del nombre árabe Altaya, que significa Atalaya que era el papel defensivo que los árabes asignaron a la ciudad en la edad media. El enclave musulmán se encontraba a 4 kilómetros de distancia de la ciudad actual, en una pedanía que se conoce como Altea la vella, y que la web turística Rumbo, recomienda visitar. Pero esta ciudad alicantina de más de 25.000 habitantes tiene más puntos de interés, como la iglesia de San Miguel Arcángel, la primera iglesia ortodoxa rusa construida en España.

Para los amantes de la naturaleza, la sierra de Berniat es apreciada por sus rutas de senderismo, donde combina el disfrute de la naturaleza, las magníficas vistas sobre la costa y el patrimonio cultural, como la visita al Font de Berniar, una fortaleza renacentista del siglo XVI, que se encuentra en uno de los caminos que suelen recorrer los excursionistas.

Ribadeo (Lugo).

En la frontera de la provincia de Lugo con Asturias encontramos esta bella ciudad gallega, al lado de la ría que lleva su nombre, cercana a accidentes geográficos únicos como la Playa de las Catedrales y los acantilados que la rodean.

La Playa de las Catedrales son formaciones rocosas naturales, en la que la acción combinada del viento y el oleaje, han creado puertas y arcos en la roca que aparecen encadenadas como si fueran las aristas que sostiene el techo de una catedral gótica o los contrafuertes arbotantes que sujetan la fachada. Un espectáculo natural único.

Pero Ribadeo es mucho más. Es una próspera ciudad medieval que atestigua el esplendor de su pasado. Ribadeo siempre se dedicó a la pesca, pero ya en el siglo XIII, el rey Fernando III de Castilla le concedió el privilegio de albergar el mercado semanal más importante de la zona.

Un siglo más tarde, Enrique de Trastámara, que pasaría a ser nombrado Enrique II de Castilla y que inaugura la dinastía de los Trastámara, a la que perteneció Isabel La Católica, creo el condado de Ribadeo y se lo cedió al caballero francés Pierre de Villeines, como agradecimiento por los servicios prestados en pro de conquistar la corona.

El primer conde de Ribadeo y sus sucesores explotaron la concesión y convirtieron Ribadeo en uno de los principales puertos comerciales del norte de España, durante la baja edad media y la época del renacimiento. Amurallaron la ciudad, no con un fin defensivo, sino para cobrar tributos a cuantas mercancías llegaban y salían del puerto.

Por avatares de la historia, el condado terminó formando parte de las posesiones de la Casa de Alba. Lo que la ha convertido la ciudad en uno de los conjuntos monumentales más bellos del norte de la península.

Comillas (Cantabria).

Comillas es una bella ciudad cántabra, pegada al mar y rodeada de bosque y monte, típico de la cornisa cantábrica.

Pero la belleza de esta ciudad está ligada al indiano Antonio López y López, nombrado por Alfonso XII como el primer Marqués de Comillas. Uno de los empresarios más exitosos de su tiempo y una de las mayores fortunas de España de finales del siglo XIX.

Se dice que Antonio López y López provenía de una familia humilde y que emigró a Cuba con tan solo 14 años de edad. Con el tiempo se hizo con el monopolio del transporte marítimo entre la isla caribeña y la península. En un momento donde Cuba tenía una renta per cápita muy superior a la metrópoli, gracias a la industria del azúcar. Y donde la isla antillana se convirtió en el mercado cautivo donde los industriales catalanes colocaban su producción textil. El conde de Comillas fundó el Banco Hispano Colonial, embrión del que más tarde sería el Banco Hispano Americano, que terminará absorbido por el Banco de Santander.

El Conde de Comillas fundaría en su ciudad natal la Universidad Pontificia de Comillas, gestionada por la orden de los Jesuitas y llenaría su ciudad de edificios modernistas construidos por los principales arquitectos de Barcelona, incluido Antoni Gaudí.

El periódico El Español asegura que el origen de la fortuna del marqués de Comillas proviene del comercio de esclavos en Cuba, cuando esta práctica estaba prohibida.

Llanes (Asturias).      

El atractivo de Llanes radica en que es una localidad costera próxima a los Picos de Europa, un macizo de la cordillera cantábrica, ubicado a solo 14 kilómetros del mar y que es el segundo parque natural más visitado de España, después del Parque Nacional del Teide.

Llanes, en realidad es un concejo formado por veintiocho parroquias, la mayoría de ellas aldeas, repartidas entre la montaña y la costa, y que a nivel administrativo funcionan como pedanías de la capital, la ciudad de Llanes.

Posee más de una treintena de playas, separadas por acantilados escarpados donde el mar cantábrico golpea contra las rocas. Un escenario de gran belleza, diferente a la serenidad que podemos encontrar en las playas del mediterráneo.

Llanes continúa siendo una ciudad pesquera, con un puerto bastante activo. Visitar la comarca, además de descubrir la belleza natural del mar y la montaña, es una oportunidad de conectar con la Asturias tradicional. La anterior a la minería y a la industria. La de los extensos pastos verdes, la de los rebaños de vacas, la de los campesinos y pescadores. La de las tradiciones ancestrales que se conservan con el tiempo.

Cadaqués (Girona). 

Cadaqués es el pueblo de pescadores que enamoró a Salvador Dali. Indica la página web Made by Cadaqués que después de pasar una temporada en Nueva York, Salvador Dalí se instaló con Gala en Port Lligat, Cadaqués, en 1947, en una barraca de pescadores, que el pintor surrealista compro, amplió y adaptó para convertirla en su taller artístico.

Dalí conocía Cadaqués desde pequeño, era uno de los lugares de vacaciones de su familia, una familia de industriales de Figueres. Pero Dalí no decidió usar el patrimonio familiar, ya que sus padres poseían una casa cerca de la playa. El pintor se trasladó fuera del pueblo. En su regreso, la ciudad costera proporcionó al pintor la luz, la tranquilidad y la inspiración que andaba buscando.

Cadaqués es la ciudad más oriental de la península ibérica. Situada en el Cabo de Creus, Encajonada entre el mar y la montaña, que la separa del resto de la comarca del Ampurdán. Para los amantes de la naturaleza, Cadaqués presenta en su máxima expresión el bosque mediterráneo. Repleto de matorrales, jara y arboledas de coníferas. Para los amantes del mar, ofrece playas de ensueño.

Cualquiera de estos destinos se puede visitar en cualquier época del año.

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